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DE QUÉ HABLO CUANDO HABLO DE ESCRIBIR

Author: Diego Fernando Marín
martes, junio 27

Autor: Haruki Murakami
Traducido por: Fernando Cordobés y Yoko Ogihara
Editado por: Tusquets Editores
Recomendado para: Jóvenes lectores
Ensayo – No ficción

     Escribir es un trabajo solitario.

     Es necesario recordar esto, sobre todo cuando en la actualidad escribir se ha convertido en un acto mediático, que mezcla un poco de redes sociales, otro poco de autopromoción y mucho de publicación de borradores a través de redes sociales. Publicaciones que son defendidas con el argumento de que permite a quienes inician saber si sus escritos serán o no bien recibidos. No importa si muchas veces son abandonados, o si se trata de productos realizados de cualquier manera o desviados en atención a un número determinado de likes.

     Escribir es un acto solitario.

     Haruki Murakami, quien afirma llevar escribiendo desde los 30 años, y quien hoy acusa unos 68 años de edad, es uno de los autores japoneses más conocidos en el día de hoy, llegando a ser un nombre común año tras año en la lista de posibles ganadores del Premio Nobel. Su obra, que puede ser catalogada como realismo mágico, es conocida por títulos como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla, Después del terremoto o Underground, solo por mencionar unos cuantos títulos.

     Escribir es un trabajo solitario.

     A lo largo de las 296 páginas, 11 capítulos y un epílogo, Murakami se dedica con ferocidad a defender lo que, reitera, el método que a él le ha dado resultado en la escritura, y que puede resumirse en una sola palabra: Disciplina. No hay misticismo aquí, ni siquiera una cierta idea romántica del escritor. Murakami defiende en De qué hablo cuando hablo de escribir una figura de escritor dedicado, que cuida igual su mente que su cuerpo, y que se desliga de cualquier forma de la idea que occidente ha construido del escritor bohemio. Sin embargo, recalca, reitera, es la forma en que a él le ha funcionado.

     Escribir es un trabajo solitario.

     Si bien en algunos momentos es inevitable comparar De qué hablo cuando hablo de escribir con Mientras escriño de Stephen King, sobre todo en los elementos biográficos que ambos textos manejan, ambos libros son muy diferentes en relación a lo que pretenden dejarle al lector. Mientras King es sumamente didáctico, Murakami es más respetuoso, menos pedagógico. Cuenta como él va solucionando las situaciones, pero sin detenerse a dar consejos a nadie, sin intentar imponer su propia estética.

     En ambos casos, sin embargo, hay una gran coincidencia: no se puede escribir sin disciplina ni esfuerzo; no se puede escribir sin leer; hay una suerte de caja de herramientas que el escritor maneja; no hay posibilidad de dedicarse al oficio sin tener críticas en contra, pero, sobre todo, no se puede escribir sin tener nada que decir.

     Una de los capítulos más interesantes, no habla propiamente de la escritura –aunque es atravesado por la lectura constante- sino de la escuela japonesa, de lo que Murakami piensa sobre la escuela japonesa. Resulta más interesante aún para quienes han mitificado la cultura japonesa porque Murakami es demoledor en sus apreciaciones, profundamente desmitificador.

     Así, para todo aquel interesado en el mundo de las letras, también en el mundo de la educación, De qué hablo cuando hablo de escribir, es un libro necesario, que ilumina lo difícil que puede ser el camino del escritor, más allá de la existencia del talento.